EL PLANETA ROSQUILLA
UN PEQUEÑO CUENTO SATÍRICO D. D. PUCHE
27/4/2026 (publicado originalmente en 14/4/19)
El planeta Whoa! se formó hace miles de años (según los cálculos de los
habitantes de Whoa!), mucho antes que cualquier otro planeta habitado conocido (conocido
por los habitantes de Whoa!); pues es bien sabido que no otro, sino éste, fue
el elegido por los dioses para crear unos seres inteligentes a su imagen y
semejanza.
Sin duda alguna, Whoa! es el centro del universo, o habría de serlo si éste
tuviera un único y genuino centro. Pero, para los habitantes de Whoa!, que poco
saben de los orígenes del cosmos, éste no es sino un conjunto de bóvedas
celestes, cada una de ellas circundando la anterior, que están ahí para darle
un cielo estrellado a los habitantes de Whoa!
Lo más señalado de Whoa!, aparte de sus buenas gentes, pues mejores no las
hay ‒según los habitantes de Whoa!, al menos‒, es su peculiar forma de rosquilla. O sería al
menos peculiar para cualquier observador externo, ya que cualquier observador
externo, de haberlo, muy probablemente habitaría el típico planeta esférico. Y
si bien, como muy acertadamente señalan a su vez los habitantes de Whoa!, ésa y
no otra es la forma que suelen tener los astros, la forma de rosquilla no es
para ellos sino signo indubitable de su singular lugar en el cosmos. De su
especial importancia.
Es Whoa!, así pues, un planeta perfectamente redondito, con su agujero en
medio, como corresponde a una buena rosquilla espacial. Por lo que respecta a
sus movimientos, Whoa! mantiene, que se haya observado con precisión, tres
movimientos constantes, que si bien no se dejan sentir por sus habitantes, en
la superficie, al menos explican los cambios que ven en el cielo estrellado, y
en la sucesión de los días y las noches, y en la marcha incesante de las
estaciones.
Gira Whoa! sobre sí mismo, alrededor de un eje imaginario (pues en el
agujero de en medio obviamente no hay nada), en un plano perfectamente recto,
lo que para los habitantes de Whoa! facilita mucho las cosas, de cara a evitar
posibles mareos. Es éste el llamado movimiento de “la vueltecica”. Cada día en
Whoa! tiene doce horas (cada una de las cuales equivale a dos horas de la
Tierra), distribuidas en dos franjas horarias de seis horas cada una, para el
día y la noche. Todo perfectamente simétrico, como debe ser.
Gira también, a la vez que sobre sí mismo, alrededor de la estrella del
sistema planetario al que pertenece, llamada Tururú! Este inmenso giro, que
recorre las vastas distancias espaciales de lo que los habitantes de Whoa!
llaman “el paseíllo sideral”, se completa en un año de exactamente cien días,
lo que resulta muy cómodo para los habitantes de Whoa!, dado que aprecian las
cifras redondas.
Recientemente, los físicos de Whoa! descubrieron un tercer movimiento, al
que llamaron el “bamboleo” de Whoa!, que consiste en que el planeta, al girar
sobre sí mismo, no lo hace sobre un punto situado en el perfecto centro
geométrico de la rosquilla, sino alrededor de otro punto desplazado de éste,
llamado “foco”. Los científicos suelen explicarlo a las autoridades, y los
maestros a los niños en los colegios, colocándose una rosquilla en el dedo y
haciéndola girar. Pero nadie lo entiende muy bien.
Muchos en Whoa! se resisten aún a creer posibles tales movimientos,
arguyendo que si tal fuera el caso, las buenas gentes del planeta, al no estar
ancladas a la superficie, saldrían despedidas al espacio exterior; o cuanto
menos, sufrirían los efectos de unos vientos huracanados que les dificultarían
la vida y les provocarían unas migrañas terribles. Aferrándose a modelos
científicos de estricta base empírica, infinidad de experimentos, de continuo
repetidos, demuestran para muchos científicos de la vieja escuela que es el
universo en su conjunto el que, caprichosamente, gira alrededor del planeta,
que en realidad permanece inmóvil. Esta teoría, tan científica como la otra, es
apoyada por la mayor iglesia de Whoa!, el Sinpatetismo, una mezcla de
supersticiones antiguas y patéticas creencias sin sentido alguno.
Tiene Whoa! un satélite, llamado Badabadabú!, que mira constantemente hacia
el planeta rosquilla por una de sus caras, mientras que la otra permanece a
oscuras, ya que no gira sobre sí mismo. Se especula con que hace miles y miles
de años un gran asteroide pudo impactar contra el planeta, desgajando el centro
de la rosquilla (que en aquel entonces era una berlina), formando este trozo el
Badabadabú! que bien conocen los habitantes de Whoa! hoy día. Pero no hay
pruebas concluyentes.
Es éste un satélite habitado por antiguos colonos de Whoa!, que viajaron
allí tan pronto como los primeros cohetes espaciales estuvieron disponibles. Y
aunque hay viajes constantemente entre planeta y satélite, los habitantes de
uno y otro han llegado a manifestar algunas diferencias que suponen cierta
rivalidad, y hasta animadversión mutua. Por ejemplo, los habitantes de Whoa!
suelen comer un pedacito de queso siempre antes de la cena, para celebrar la
Victoria Láctea que tuvo lugar hace dos milenios; mientras que los habitantes
de Badabadabú! suelen comer el trocito de queso después de la cena, como
homenaje al Ratoncito Laborioso. Tal disparidad ocasiona a veces grandes
disputas acerca de quién come el queso correctamente, asunto sobre el que se ha
tratado de legislar en diversas ocasiones, infructuosamente.
Mantiene Whoa!, el planeta rosquilla, una guerra constante y ancestral
contra los habitantes del planeta Katracroc! Es éste un planeta, en esta
ocasión esférico, que orbita la misma estrella que Whoa!, sólo que en una
elíptica mayor. Al ser su recorrido más largo, se cruzan en el punto más
cercano a la estrella únicamente cada sesenta años, momento que aprovechan los
habitantes de ambos planetas para lanzarse al ataque con sus respectivas flotas
espaciales. Unos saquean los pueblos de los otros, aludiendo ambos a que los
del planeta contrario empezaron primero, que así es como pasó en los lejanos
tiempos en que la contienda comenzó, y que si “ellos” ‒que es como se llaman los unos a los otros‒ no fueran unos animales salvajes e incultos
que se comen a sus propios hijos, no habría necesidad de guerra alguna.
Comparten ambos planetas una lengua similar, con lo que pueden entenderse
fácilmente; pero hay distintos dialectos de la misma, que deliberadamente
emplean para no llegar a entendimiento alguno. Esta particularidad lingüística
hace pensar a muchos en la existencia de ancestros comunes, cosa que los
habitantes de Katacroc! no niegan; pero creen que los de Whoa! son una raza que
no ha dejado de degenerar desde entonces. Mientras tanto, éstos dicen que esos
perros sarnosos no pueden ser como ellos, y que han de tener un origen
totalmente distinto como especie (todo ello pese a las conocidas migraciones
mutuas en los años de paz, cada período de seis décadas; y pese a que es
perfectamente sabido que ambos comparten la misma sangre, ya que tienen hijos
entre sí, y no hay forma de saber a cuántas generaciones se remonta cada
familia, en su inútil búsqueda de la pureza de sangre).
EL EVANGELIO DIGITAL
Y OTROS RELATOS
Quince relatos de diversos géneros (ciencia ficción, fantasía, misterio, terror, sátira, noir) que continúan el intento, iniciado en Galaxia errante, de dar forma narrativa a una reflexión sobre el mundo actual y, en general, sobre la condición humana. Pura literatura de ideas.
D. D. Puche
Grimald Libros
227 páginas
Tapa blanda / ebook
ISBN (papel): 9781092946445
ISBN (papel): 9781092946445
ISBN (digital): 9780463211199
Papel/Kindle
Además, en Whoa! no dejan de aludir a la peculiar forma de rosquilla
del planeta como prueba indiscutible de su superioridad. A eso, y a que no
comen (ni comerían jamás) una planta repugnante que en Katacroc! no dejan de
engullir, hasta el punto de que es su plato mundial: los guisantes.
Cuando acaba cada guerra (y cada guerra acaba igual: como comenzó, ya que
no se gana ni se pierde nunca nada), en Whoa! se organiza un gran festín de
tres días para mayor gloria de sí mismos, en el que se come y se bebe hasta
quedar saciados de comida y de bebida, lo cual les parece muy lógico. Entonces
se realiza una purificación de una semana, que da comienzo al siguiente período
de sesenta años de paz (menos esos diez días previos de fiesta y de purga), y
todos fingen que los habitantes del planeta nacidos en Katacroc!, con los que
viven y con los que se casan y tienen hijos, sí son como ellos; de hecho,
olvidan que hubiera diferencia alguna entre unos y otros.
Se practica en Whoa!, como se mencionó antes, la religión del Sinpatetismo,
que es la única palabra a la que se permite poner una “n” antes de una “p”.
Esta religión surgió de fundir varias religiones previas en una sola, lo que a
todos les pareció más sencillo, ya que cada miembro de cada religión en
realidad no tenía muy claro cuáles eran los preceptos de la suya propia, y
todos se hacían un lío. Fue un gran renovador, conocido como el Gran Renovador,
quien escribió el Gran Libro que reúne tal síntesis, quitando “lo que sobraba”
y llenando los huecos como le pareció mejor.
El Sinpatetismo da razón del origen del mundo rosquilla (que creó el Dios
Pastelero), así como de la especial situación de sus habitantes en el universo,
los cuales fueron creados para estar allí, y están allí porque fueron creados.
Persisten todavía, sin embargo, algunas normas que el Renovador no pudo
eliminar del Gran Libro, por estar demasiado arraigadas en la mentalidad
anterior, o quizá porque él mismo las consideraba de singular importancia (hay
quien dice, incluso, que sin tales normas el mundo sucumbiría a la anarquía y
la barbarie). No obstante, muchas de ellas desconciertan a los actuales
habitantes de Whoa!, que si bien las acatan con total respeto y devoción, no
comprenden muy bien su significado. Pero, como bien dicen los sacerdotes de
Whoa!, “no hay que intentar comprender lo que uno no entiende”.
Algunos ejemplos de tales normas son los siguientes: los miércoles está
prohibido vestir de verde (color que gusta mucho en Whoa!, ya que quien lleva
prendas de este color se siente más atractivo). Cuando llueve, si no se lleva
un paraguas, hay que protegerse la cabeza con un periódico, pese a que no
hubiera intención previa de leerlo (en los últimos tiempos esta norma está
dando muchos problemas, ya que, debido a los diarios digitales, cada vez se ven
menos los de papel en los kioscos de Whoa!, problema de alcance teológico que a
los sacerdotes les cuesta explicar). Al bañarse, uno ha de tener
obligatoriamente en el agua de un patito de goma amarillo, o bien tres, o
cinco, pero nunca un número par (esta norma se pierde en la noche de los
tiempos y ya nadie sabe a qué responde). Está prohibido comer tubérculos, y no
se sabe si es porque hubo en el pasado algún tipo de intoxicación o qué, pero
en Whoa! se consideran plantas sucias que no deben ser ingeridas jamás. No
obstante, los habitantes de Whoa! a menudo los comen, pero como a escondidas,
con vergüenza, pues si bien todos ellos saben que están prohibidos, aunque
todos los demás en realidad los comen, el que lo vean a uno comiéndose unas
patatas fritas es sinónimo de oprobio.
Hay otras normas relativas al culto que producen más perplejidad aún, tales
como que hay que acudir a los templos en días señalados (pese a que se dice que
los dioses están en todas partes y se enteran de todo), o bien que el último
día del mes no se puede hacer de vientre, por respeto a la divinidad. En los
desayunos se ha de dejar sin comer una parte, como ofrenda a los seres
superiores (que nunca parecen haberse comido tales restos, cuando los
habitantes de Whoa! regresan a casa). Al practicar sexo, hay que dejar la luz
apagada, pero sólo si fuera hace mucho sol. Otra norma que resulta extraña,
incomprensible, pero es una de las más importantes, que a todo niño de Whoa! se
le enseña en Primaria, es que está prohibido divertirse haciendo el pino,
especialmente los fines de semana, aunque es obligatorio hacerlo entre semana
como parte de la educación obligatoria (muchos niños y niñas se preguntan para
qué les enseñan a hacerlo en Educación Física, si luego no les dejan hacerlo
cuando quieren). Hacer el pino tiene unas fortísimas implicaciones religiosas
en Whoa!, que sería demasiado profuso explicar aquí, pero que están
relacionadas con los pobladores de las antípodas.
En otro orden de cosas, está formado Whoa!, planeta de pequeñas
dimensiones, por una sola nación, ya que hubo una gran unificación política en
tiempos remotos, lo cual resultaba más práctico para todos: si no hay
fronteras, sólo los habitantes de Katacroc! son extranjeros. Y si acaso, los de
Badabadabú! Sin embargo, no escapa Whoa! de males de carácter social y político
que atenazan a muchos otros mundos, y que son considerados por quienes se
benefician de ellos, no obstante, como el indiscutible “orden natural”.
Así pues, hay importantes diferencias en Whoa! según la parte del planeta
que habite uno. Si colocamos una rosquilla sobre una mesa, y la observamos
desde distintos ángulos, lo comprenderemos bien.
A la parte que queda arriba, la llaman los habitantes de Whoa! el Norte,
mientras que a la que queda abajo la llaman el Sur. Pues bien, es considerado
signo de estatus vivir en la parte Norte de la roquilla planetaria, donde las
rentas son más altas, mientras que el Sur es más pobre y peligroso (algunos
basan esto en la incierta posibilidad de que algún día sus habitantes, que
viven cabeza abajo, se caigan del planeta hacia el espacio exterior, por lo
cual sería un desperdicio ayudarles a vivir mejor). Los habitantes del Sur de
Whoa! se quejan a menudo de esto, y explican a los del Norte que en el espacio
no hay arriba ni abajo, y que todos son iguales (o que, en todo caso, todos
tienen la misma posibilidad de caerse un buen día al espacio exterior); sin embargo,
sus demandas nunca son atendidas. Todo el mundo sabe que los del Sur son unos
liantes de cuidado.
Si observamos el planeta desde arriba, además, encontraremos a los
habitantes que viven en el lado interno de la rosquilla, la parte del agujero.
Vivir en esta zona, que por tener menor extensión es considerada más exclusiva,
es como en nuestro mundo vivir cerca de la playa, y sus habitantes se
consideran a sí mismos mejores. Todavía persisten, debido al movimiento
planetario de la vueltecica, algunos problemas que resolver respecto a las
franjas horarias, de modo que los pobladores de la parte externa de la
rosquilla parecen moverse más despacio, lo que los habitantes de la parte
interior consideran un signo de vaguedad y mala sangre.
JENKINS & SINCLAIR
LA MÁQUINA DE ATWOOD
Navidad de 1896. Amanda Jenkins, una eminente profesora universitaria, recibe una carta póstuma de su viejo mentor, el Dr. Atwood. En ella relata unos hechos terribles acerca de una ominosa máquina que ha construido para el malvado barón Hoffmann. Si no la encuentra a tiempo y detiene su puesta en marcha, la ciudad de Port Heaven podría estar en peligro. Puede que hasta el destino del mundo se juegue en los siguientes días. Para ayudarla, Atwood le sugiere a la Dra. Jenkins que busque al Dr. Sinclair, un viejo compañero de estudios, que resultará ser mucho más que un simple erudito. Juntos, reconstruirán los últimos días de vida de Atwood para resolver el misterio que encierra su máquina.
D. D. Puche
Grimald Libros
147 páginas
Tapa blanda / ebook
ISBN (papel): 9781792641787
ISBN (papel): 9781792641787
ISBN (digital): 9780463138274
Papel/Kindle
Hay un tercer factor geográfico relevante en la rosquilla, que consiste en
vivir en la parte de la misma que queda más cerca del satélite Badabadabú! Si
bien desde allí se cogen los cohetes para viajar al espacio, pues la atracción
del satélite los ayuda a despegar, es considerada una zona peor para vivir, por
tener la población más mezclada con extranjeros (no paran de llegar
inmigrantes), y además porque a veces el satélite da demasiada sombra, lo que
hace que en esa zona haga más frío (a los habitantes de Whoa! les gusta mucho
darse baños de Tururú!, ya que no saben lo que es el cáncer de piel).
Así pues, hechas estas consideraciones, vemos que hay diferencias sociales
y económicas según dónde viva uno en Whoa!: lo mejor es vivir en el hemisferio
Norte, en la cara interna de la rosquilla, lejos del satélite, y lo peor es
vivir en el hemisferio Sur, en la cara externa, y cerca del satélite y su
sombra.
Los mal situados sostienen que es injusto que sus vidas sean peores que las
de los demás, sólo por haberles tocado en suerte tal ubicación geográfica; pero
los habitantes de las zonas con mejor nivel social afirman que ése y no otro es
el orden natural de las cosas, lo que les lleva también a afirmar que así debe
ser, por derecho divino (lo que muchos consideran una vulgar falacia).
Incluso dicen que es mérito suyo el vivir mejor (y demérito de los otros,
por tanto, el vivir peor), debido a su superior capacidad e inteligencia, y a
su esfuerzo y constancia mayores. Y del hecho de pensar que merecen vivir
mejor, pasan a afirmar, como por arte de birlibirloque, que los habitantes de
las zonas más desfavorecidas merecen vivir peor, porque su sangre y su esfuerzo
son inferiores. Y que todo está bien como está y no hay que cambiarlo.
Hay en Whoa!, sin embargo, partidos políticos que intentan transformar esta
situación, igualando los niveles de vida en toda la rosquilla. Pero tienen
escaso éxito, ya que los del Norte creen justo que cada cual viva con lo que
pueda lograr por sí mismo, aunque lo máximo que puedan lograr algunos sea
siempre menos que el mínimo que tienen otros por el mero hecho de vivir en
zonas mejores (creencia que no deja de ser absurda, pero satisface al parecer
la buena conciencia de los habitantes del Norte de Whoa!).
Señal evidente de ello (para los habitantes de Whoa!) es que en las zonas más
favorecidas hacen el cocido con alubias, mientras que en las zonas más pobres
lo hacen con garbanzos. Y en aquéllas le echan chorizo blanco, mientras que en
éstas chorizo rojo. Y así, todos se convencen de que lo que hay es lo natural,
como todos piensan que el vino o el queso de su región es el mejor; en todo
caso, los suyos son mejores que los de esos desgraciados de Badabadabú!, y por
descontado, muuucho mejores que los de Katacroc!, esos perros que beben vinagre
y comen queso hecho con leche agria, como todo el mundo sabe.
Similares problemas surgen con la bandera, ya que la de Whoa!, de fondo
rojo con una estrella blanca en el centro, difiere de la de Badababadú!, que es
de fondo rojo con una estrella amarilla en el centro (lo cual conduce a más de
una discusión, que a menudo acaba en pelea, sobre cuál es la más bonita). Y
mayor aún es el problema con los de Katacroc!, esos perros sarnosos, que se
atreven a tener una horrible bandera de fondo rojo con una estrella negra en el
centro. Cada cual presume de que su bandera es la original, la más antigua, y
por descontado la más hermosa; y dicen que los otros se la han copiado. Hay
algunos intelectuales en Whoa! que consideran estúpido pelearse por un trozo de
tela, y afirman que no hay en realidad ninguna bandera que sea la original, y
que de haberla daría igual, ya que todo este asunto conduce únicamente a
disputas sin fin sobre quién es mejor.
Hay un asunto de la mayor importancia, y es que nunca, nunca se comen rosquillas en Whoa! ‒se trata de una prohibición no sólo religiosa, sino legal‒, y esto desde el origen de los tiempos. Mojar
una rosquilla en leche es considerado un signo de muy mal agüero, y llevársela
después a la boca es un crimen que conlleva la pena de muerte. En Whoa! se
hornean diariamente, sin embargo, millones de rosquillas, que sus habitantes
compran masivamente. Pero no se las comen (que se sepa, al menos no en
público), sino que las ponen sobre un pequeño altar que hay en cada casa, como
ofrenda a los dioses. Al día siguiente se tiran, ya que se ponen duras (las que
son rosquillas tiernas), o blandas (las que son rosquillas crujientes), y se
vuelven a comprar más. La elaboración de rosquillas es el motor económico de
Whoa!, su principal industria, pese a que no se comen ni sirven para nada
objetivo, sino que van a parar todas ‒se
supone‒ a la basura.
En definitiva, Whoa! es un planeta peculiar; único, se diría (así lo dicen
los habitantes de Whoa!). No sólo por su forma de rosquilla, ya que cuerpos
celestes así no abundan en el universo, sino por la singularidad de sus gentes
y sus costumbres; por la idiosincrasia de un pueblo que se sabe especial y
distinguido; por sus esencias primigenias, que hacen de sus habitantes el
centro de un universo que muy probablemente tenga también forma de rosquilla.

Otras historias
LA ZONA EXTERIOR
28/02/2026
Escuchó la voz resonar en su cabeza. «Zaid, como no regreses rápido nos vamos a ir sin ti». «No tengáis tantas prisas. Si yo he estado aquí fuera cinco horas, vosotros podéis esperar cinco minutos más». Eran las costumbres de Zaid, de quien decían que era un bohemio. Aprovechaba cada salida al exterior ‒eso sí, sólo cuando el trabajo estaba terminando‒ para quedarse absorto, mirando el infinito. Una vez, Alex le preguntó si veía algo ahí fuera, o si [...] EL ABISMO QUE TE MIRA
30/07/25
Lo que ocurrió en aquellos días marcará para siempre las vidas de todos los que se vieron implicados. Están las familias de las víctimas, por supuesto, destrozadas sin remedio por actos de una maldad que a duras penas parece propia de este mundo ‒si es que lo es‒; pero también están los que tuvieron que ver con la investigación, los cuales debieron enfrentarse a terrores de los que todavía hoy, me consta, protegen con su silencio [...] EL PASTOR Y EL DRAGÓN
16/06/2024
Ocurrió una vez, en aquellos tiempos en que los viejos dioses todavía se dejaban ver y oír por los mortales, que Brogo, el hijo de Druso, pastor de Pilos, cerca de Mesenia, mató con su honda a una mantícora que estaba diezmando sus rebaños de cabras desde hacía semanas. La horrible criatura, con cabeza humana, cuerpo de león y cola de escorpión, descendía por las noches desde un monte próximo, en cuyas cuevas se escondía, y causaba estragos [...] OTRA BELLA DURMIENTE
03/12/2023
“Juan Carlos Navarro. Asesor legal”, dice el rótulo en la puerta de mi oficina, y también la página web de mi pequeña empresa de un solo empleado ‒yo‒, pero ambas cosas son falsas. Porque ni me llamo Juan Carlos Navarro ni soy asesor legal; mi verdadero nombre es Luis Fuensanta y mi profesión… bueno, no es de las que uno anuncia abiertamente. En mi ramo, de hecho, la discreción es crucial; las autoridades no se muestran muy comprensivas [...]










No hay comentarios:
Publicar un comentario
Déjanos tu comentario. ¡Gracias!